El Derecho a la Educación: Una deuda pendiente de la escuela en Argentina

El derecho fundamental de los niños y las niñas a la educación como lo establecen las leyes y la declaración universal de los derechos del niño, en la práctica, ante la gran diversidad de necesidades e intereses, se ve no solo diluida, sino que la escuela en su intento de brindar una educación, cae indefectiblemente en una contradicción. El niño o la niña que deben repetir un grado o año, en el sentido estricto de la educación, y en el marco del sistema como está implementado actualmente, son niños y niñas cuyos derechos a la educación no se han cumplido como lo requiere el Estado. El mismo sistema educativo impone la escolaridad para educarlo pero luego con su sistema de calificaciones indica que no han aprendido suficientemente y debe por lo tanto repetir el año. Si esto se repite en el tiempo, ese niño o niña eventualmente abandona sus estudios, creyendo que no obtiene los resultados que se esperan de él o de ella, sintiendo el peso de no poder cumplir con los supuestos objetivos impuestos por la escuela, además del constante aburrimiento que siente en el aula, mientras que es en realidad la escuela misma que no le brindó la educación que necesitaba, de la forma que necesitaba, para superar una calificación estandarizada (que tampoco asegura que haya aprendido).

Es más fácil y menos responsable, en este contexto, colocar la culpa sobre el alumnado, indicándoles que no han aprendido, que no han estudiado, que no es suficiente lo que han hecho, que no saben lo suficiente, que no cumplen con una calificación.

En raros casos se coloca la mirada sobre la enseñanza. Siempre se habla de problemas de aprendizaje, pero nunca se habla de problemas de enseñanza. Frente a un alumno con supuestas “dificultades de aprendizaje” se le exige que vaya a un psicólogo o a una psicopedagoga (o a ambos) pero nadie cuestiona si la maestra o el maestro son quienes deberían en realidad contar con mejores capacitaciones y sean ellos en realidad quienes deban ir al psicólogo y a capacitaciones para superar sus “dificultades de enseñanza”.

El proceso se denomina de enseñanza-aprendizaje, pero cuando existen problemas, se focaliza en la segunda parte, nunca en la primera.

Citamos texto de “El proceso de enseñanza- aprendizaje: el acto didáctico”:

La enseñanza no puede entenderse más que en relación al aprendizaje; y esta realidad relaciona no sólo a los procesos vinculados a enseñar, sino también a aquellos vinculados a aprender. El aprendizaje surgido de la conjunción, del intercambio… de la actuación de profesor y alumno en un contexto determinado y con unos medios y estrategias concretas constituye el inicio de la investigación a realizar. “La reconsideración constante de cuáles son los procesos y estrategias a través de los cuales los estudiantes llegan al aprendizaje “. (Zabalza, 2001:191)

Existen, por supuesto, innumerables casos en los cuales docentes capaces y formados han ayudado a cientos y miles de alumnos para llegar a un mejor nivel de educación, a formarlos no solamente en lo académico sino también en lo personal, pero el alarmante número de deserciones escolares en Argentina (según UNICEF sólo el 45% de los adolescentes que ingresa a la secundaria logra completar ese nivel educativo obligatorio) y los bajos niveles de educación que existe en Argentina (según el informe PISA), dan claras muestras de que los cambios deben ser urgentes.

Como paliativo a esta situación, lo que se implementó hace tiempo es que los alumnos pasen de año sin contar con los conocimientos adecuados, hecho que tampoco es una solución al problema de fondo de un sistema educativo que no educa realmente. Así podemos encontrar niños y niñas en tercer grado, por ejemplo, que aún no saben leer y escribir o que llegan a la secundaria sin poder sumar, restar, multiplicar o dividir. Esto no es más que una evidencia de cómo se busca enmascarar la grave crisis por la cual transita la educación.

Según los resultados de las Pruebas PISA 2018 que publicó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Argentina se encuentra por debajo del promedio de América Latina tanto en lectura como en matemática.

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